Yarumal, Antioquia, 1 de diciembre de 2025 – Días después del operativo que sacó de las garras de la secta judía ultraortodoxa Lev Tahor a 17 menores de edad en un remoto hotel de Yarumal, un municipio cafetero de 44.000 habitantes en el norte de Colombia, la historia de este grupo itinerante sigue desatando un torbellino de interrogantes. ¿Cómo lograron 26 miembros –incluidos nueve adultos– ingresar legalmente al país, hospedarse durante un mes sin levantar sospechas iniciales y planear un asentamiento permanente? ¿Representa este el enésimo intento de Lev Tahor por evadir la justicia internacional, o solo un paso fugaz en su odisea global? Mientras las autoridades colombianas coordinan con el FBI y la Interpol, el rescate pone en jaque no solo la frontera sur de América, sino la vulnerabilidad de los niños ante redes transnacionales de explotación disfrazada de fe.
El 23 de noviembre, un equipo conjunto de Migración Colombia, el Gaula Militar Oriente y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) irrumpió en el Hotel El Edén, un establecimiento discreto en las afueras de Yarumal. Allí, los rescatados –niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años, originarios de Estados Unidos, Canadá y Guatemala– vivían hacinados en habitaciones adaptadas como "comunidades temporales". Vestidos con túnicas negras y sombrero ancho, los menores seguían un régimen estricto: oraciones prolongadas, dieta kosher extrema (sin pollo, huevos ni vegetales de hoja) y aislamiento total de la tecnología. Cinco de ellos portaban circulares amarillas de Interpol por presunto secuestro y trata de personas, emitidas tras denuncias de familiares en Norteamérica. Las autoridades hallaron indicios de rapto: algunos niños no habían sido reportados como viajeros, y el grupo había llegado el 22 de octubre vía Nueva York, con pasaportes válidos pero intenciones ocultas de alquilar una finca rural para "crecer la colonia" mediante matrimonios precoces y alta natalidad.
"Existían alertas internacionales por delitos contra menores, incluyendo condenas por secuestro y explotación sexual", explicó la directora de Migración Colombia, Gloria Esperanza Arriero López, en un comunicado oficial. Los adultos detenidos –cinco hombres y cuatro mujeres– enfrentan procesos migratorios por irregularidades en su estancia, mientras los niños reciben atención psicológica y médica en un centro del ICBF en Medellín. La Fiscalía General de la Nación investiga si hubo trata, aunque preliminarmente no hay cargos penales, ya que el ingreso fue legal. La comunidad judía colombiana, a través de la Confederación de Comunidades Judías, rechazó cualquier vínculo con Lev Tahor, describiéndola como un "grupo extremista ajeno al judaísmo ortodoxo" y celebrando el operativo como un "triunfo contra la impunidad".
Un "corazón puro" manchado por décadas de sombras
Fundada en 1988 en Jerusalén por el rabino Shlomo Helbrans –un carismático líder antisionista que prometía un "corazón puro" (Lev Tahor, en hebreo)– la secta ha recorrido más de una década en América Latina como un fantasma nómada. Con entre 200 y 500 miembros dispersos en unas 50 familias, Lev Tahor practica un jasidismo radical: mujeres cubiertas de pies a cabeza en negro, hombres con barbas largas y rechazo absoluto al mundo moderno. Sus fieles estudian la Torá hasta 16 horas diarias, evitan la educación secular y defienden matrimonios arreglados desde los 12-13 años como "voluntad divina". Pero tras esta fachada religiosa yace un historial de abusos que ha alarmado a fiscales de tres continentes.
Helbrans, quien emigró a Brooklyn en 1990, fue condenado en 1994 en Estados Unidos por secuestrar a un adolescente para "desprogramarlo" de influencias seculares, cumpliendo dos años de prisión antes de ser deportado. En 2000, obtuvo asilo en Canadá alegando persecución religiosa, pero en 2013 las autoridades de Quebec intervinieron por negligencia: 14 niños fueron retirados de hogares donde sufrían desnutrición, castigos corporales y falta de escolaridad básica. El grupo huyó a Guatemala en 2014, expulsado por indígenas mayas de San Juan La Laguna por "contaminar" la cultura local. Tras la muerte de Helbrans en 2017 durante un ritual de inmersión en un río de Chiapas, México, su hijo Nachman –aún prófugo– asumió el mando, intensificando el extremismo. En 2018, nueve líderes fueron arrestados en México por secuestro de menores, y en 2021, Nachman y Mayer Rosner fueron condenados en Nueva York a décadas de cárcel por transportar niños de 12 y 14 años a México con fines sexuales.
La secta niega todo: "Somos víctimas de una persecución antisemita", alegan en comunicados internos filtrados por exmiembros. Pero testimonios de desertores pintan un cuadro siniestro: lavado de cerebro con drogas, violaciones sistemáticas y "tikkun" –castigos rituales que incluyen golpizas y encierros– para someter a los disidentes.
El periplo latinoamericano: De Guatemala a Colombia, un rastro de niños vulnerables
Colombia marca el cuarto –o séptimo, contando paradas efímeras– destino de Lev Tahor en América Latina, un continente que ha servido de refugio ante la presión de Norteamérica y Europa. En Guatemala, el epicentro reciente, el grupo se instaló en 2013 con 350 fieles en Santa Rosa. En diciembre de 2024, un megaoperativo rescató a 160 menores de una finca en Oratorio, revelando entierros clandestinos y abusos sexuales; hoy, un juicio en Ciudad de Guatemala acusa a líderes de explotación infantil, con extradiciones pendientes. En México, allanamientos en 2022 en la selva de Tapachula liberaron a docenas de niños de campamentos improvisados, donde se reportaron motines y fugas violentas. El Salvador vio detenciones en enero de 2025, con dos miembros extraditados en junio a Israel y Guatemala por maltrato.
En redes como X (antes Twitter), el rescate en Yarumal ha generado revuelo: "Una red global de tráfico de niños disfrazada de religión", tuiteó un usuario, citando similitudes con el caso guatemalteco de 2024. Otro cuestionó: "¿Quién financia a esta secta escurridiza?", aludiendo a donaciones opacas de fundamentalistas. Periodistas independientes, como Bill Barreto en su podcast "Lev Tahor: los que se quedan, los que huyen", analizan cómo el grupo se desplaza sin desmantelarse: de Bosnia a Macedonia en 2022, o intentos fallidos de asilo en Irán.
Interrogantes en el horizonte: ¿Fin del viaje o solo una escala?
El caso de Yarumal expone grietas en los controles migratorios: el grupo entró con visas turísticas, pero su plan de "instalación" –buscar tierras para procrear y educar en aislamiento– choca con leyes contra la trata. Expertos como la fiscalía colombiana advierten que, sin cooperación internacional plena, Lev Tahor podría reaparecer en fronteras porosas, como las de Ecuador o Perú. "Son inmortales porque se adaptan: nómadas, multifamiliares y con narrativas de victimización", escribe El País en un perfil reciente.
Mientras los menores rescatados esperan reunificación o deportación –posiblemente con parientes lejanos–, una pregunta persiste: ¿cuántos más viajan invisibles bajo el manto de la fe? En un mundo de 8.000 millones, Lev Tahor recuerda que la pureza del corazón puede ser el velo perfecto para la oscuridad. Las autoridades colombianas prometen vigilancia; el mundo, una vez más, observa.
